Musique escrita

26.9.09

Mi madre fue muy imaginativa y con una cierta visión del mundo. No era una gente culta pero era incurablemente romántica y me inició en las novelas de viajes. Mi madre leía mala literatura, no era culta pero su imaginación me abría otras puertas. Teníamos un juego: "Mirar el cielo y buscar la forma de las nubes e inventar grandes historias." Mis amigos no tenían esa suerte. No tenían madres que mirasen las nubes.

13.9.09

Tirarse en el pasto y sentir su olor de cuando está húmedo. Quiero arrancar un poco de él aunque la madre naturaleza se enoje.Sentirlo, acercarmelo al rostro y dejarlo caer suavemente. Presionar mi mano contra la tierra y recibir de esa energía pura.
Quiero inspirarme luego, y escribir una canción mientras reconocemos las nubes que se dibujan en el cielo. Nuestro cielo. Necesito hacerlo.
Quiero agarrar las notas circundantes en mi memoria y hacerla un escrito lleno de tí. De mí. Pero quiero que no sea la llave de sol la protagonista, sino que más bien quiero inventar armonias que en su simplicidad digan lo que siento hoy. De esas que pocos conocemos. Y que por un tiempo yo había olvidado.
Quiero cerrar los ojos suavemente y escuchar a los zorzales y niños revoloteando por ahí. Como amo eso. El viento debe ser preciso, que mueva mi cabello pero no las partituras que han armado nuestra manta para acostarnos.
Tararear "imagine" de los Beatles, que sabes que tanto amo. Olvidar la letra y reirnos por nuestro inglés improvisado.
Una manzana no estaría mal, pero las frutillas con chocolate son mucho mejor en este tiempo. Eso sí, yo prefiero una mandarina. Deberían ser de toda época pensamos siempre con mi madre. Pero como a tí te gustan los duraznos, nos tomaremos un café.
Caminar luego, que nos tenemos que ir.
Fotografíar la vida, ser nuestras propias cámaras. Besarte en la frente. Abrazarte. Y decirte bienvenido.

30.8.09

Cumpleaños feliz.

Llegué a mi casa cuando en el Condomio donde vivo, era otro el conserje. O bien se sacó el bigote. Era tarde.
Entré despacio a mi casa y me pareció raro ver una torta en la mesa. Como estaba cansada, no hice más que saludar e irme a mi pieza. Camino a ésta no dudé en pensar que tenía algo en la cara, por lo raro que me miraron todos, así que una vez allí adentro, me miré de inmediato en el espejo. Y no, no tenía nada nuevo.
Me saqué las zapatillas y las dejé ordenadas como le gusta a mi madre. Encendí el notebook luego y puse música. Cuando abrí facebook, ya eran más de las 12.30 de la noche.
“Dale mis cariños a tu papá, Susana. Que cumpla muchos más”.
Me dijo Miguel por msn.
Mierda, yo siempre le alegué a mi padre que debía hacerse una cuenta en el bendito facebook. Por suerte mi madre tiene, así que el próximo mes juntaré dinero para comprarle un pañuelo. De seguro le gustará.

7.8.09

Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar. Camino vestida, sin marcas de ese viaje. Luego la casi innombrable lascivia regresa. Ni siquiera entonces tengo nada contra la vida. Conozco bien las hojas de hierba que mencionas, los muebles que has puesto al sol. Pero los suicidas poseen un lenguaje especial. Al igual que carpinteros, quieren saber con qué herramientas. Nunca preguntan por qué construir.
En dos ocasiones me he expresado con tanta sencillez, he poseído al enemigo, comido al enemigo, he aceptado su destreza, su magia. De este modo, grave y pensativa, más tibia que el aceite o el agua, he descansado, babeando por el agujero de mi boca.

No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja. Hasta la córnea y la orina sobrante se perdieron. Los suicidas ya han traicionado el cuerpo. Nacidos sin vida, no siempre mueren, pero deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce que hasta los niños mirarían con una sonrisa.

¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!que, por sí misma, se convierte en pasión. La muerte es un hueso triste, lleno de golpes, dirías.

Y a pesar de todo me espera, año tras año, para reparar delicadamente una vieja herida, para liberar mi aliento de su dañina prisión.

Balanceándose allí, a veces se encuentran los suicidas, rabiosos ante el fruto, una luna inflada. Dejando el pan que confundieron con un beso. Dejando la página del libro abierto descuidadamente. Algo sin decir, el teléfono descolgado....Y el amor, cualquiera que haya sido, una infección.

5.8.09

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A veces yo, amo demasiado.
Y demasiado nunca es muy bueno.

27.7.09

Los amantes del círculo polar.

"Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande, y eso que las he tenido de muchas clases.
Sí. Podría contar mi vida uniendo casualidades.
Es bueno que las vidas tengan varios círculos,
pero la mía, mi vida, sólo ha dado la vuelta una vez, y no del todo.
Falta lo más importante... escrito tantas veces su nombre dentro.
Y aquí, ahora mismo, no puedo cerrar nada, estoy solo."

21.7.09

A mí a veces, muchas veces, me gustaría ser menos idealista.
A quién engaño por la cresta.
A mí.

16.7.09

Ana

Ana se cansa de la gente mentirosa. No entiende por qué para los demás siempre es más fácil ocultar lo que piensa antes que decirlo. Nunca ha entendido eso, y ya no lo hará. Está vieja y y muy agotada como para luchar contra seres egoístas y cobardes que le temen a una conversación alzada o hablar mirándose a los ojos.
Bueno, tiene sus concecuencias también. No es del todo bueno. Es más, me atrevería a decir que Ana tiene bastante mala suerte. Ella debería entender que el común de los mortales acostumbra a la falsedad.
A Ana lo dejó su novio, él decía que cansó de siempre decirle las cosas. Lo que le molestaba y lo que no. Él hubiese preferido -por ejemplo- que Ana le hubiese dicho te amo aquel día, pero ella, fiel a sus sentimientos y principios sólo dio un te quiero. Ella si da sus "te amo" con sentido. Vieras tú.
Cae mal porque es directa, la tíldan de facha siempre. Y lo es. Pero no tiene que ver con lo directa que es. Tiene que ver con lo sincera.
A Ana le molesta profundamente cuando le ocultan algo, ella así ha perdido varias cosas. Cosas personas, amores, libros, canciones, personas. Personas. Ah, y personas.¿Dije personas?.
A Ana le encantaría mentir más seguido, como tú -por ejemplo-, pero le cuesta un poco. Un poco no, le cuesta bastante. Si está enojada, se le nota y no oculta la cara tras la gente quiere pasar desapercibida. Y aunque responda un "nada, no me pasa nada", todos saben lo que le ocurre.
Yo creo, sinceramente, que Ana está loca.
Si yo fuera ella, salgo corriendo de este mundo. Tomo el primer bus a la Luna y me quedo ahí por un tiempo hasta encontrar un buen lugar para vivir. Dicen que en la Luna la gente es más transparente.
Si yo fuera ella, dejo de llorar por los egoísmos y corduras de los demás y me voy lejos.
Lástima que yo no pueda acompañar a Ana en su recorrido. ¿Tú te crees capaz?

8.7.09

La primera, la única

Fue hace seis días. Desperté, fui al baño, hice un close up en mi pelo y ahí estaba. Mi primera cana. Gruesa, rebelde y levemente ondulada. Justo en medio de la partidura, como una bandera. No sé por qué la naturaleza toma tan extraños caminos. Por qué mi pelo, que ha sido siempre liso-liso y delgado como pluma de pollo, al tomar forma de cana se convierte en esta suerte de alambre de púa capilar. Por qué deja su identidad dócil para transfromarse en un pedazo de nylon.
No supe qué hacer.
Ahí estabamos mi cana y yo, la casa entera durmiendo y yo enfrentandome a la segunda parte de mi vida:Laura con canas.
Decidí ignorarla por un rato. Abrí la llave para bañarme -cuestión rara en mí, porque los sábados prefiero tomar un café con leche en cama mientras hojeo el diario y reviso concienzudamente los catálogos- y me lavé el pelo sin poder decidir si el camino era la guerra o la paz.
La guerra;sacarla de raíz usando como arma mi mejor pinza -porque tengo varias, ¿ya les hablé de mi obsesión con las pinzas?-. La paz; dejar que crezca libre, digna y serena, que se luzca como la hace la Toti Rivas, que tiene exactamente mi edad, pero una experiencia enorme en esto del pelo bicolor.
Pero en ella todo es distinto, que la Toti nació con estilo -¿han notado ese tipo de gente?-. Ella es alta, a lo modelo, con la piel perfecta y el pelo negro. Se lo corta y parece heroína de comic español. Se lo deja largo y parece princesa de cuento. Y como sabía que por herencia materna le iba a salir un mechón blanco cerca de los treinta, cuando le apareció, hasta lo celebró.
Pero conmigo el cuento es muy diferente. A mí este pelo no deseado me tomó por sorpresa, y no digamos que fue grata. Sabía que estaba perdiendo el tiempo en tonteras, porque nada de lo que hicera iba a evitar que me siguieran saliendo canas y no es la idea terminar pelada como un melón, o parecer ancianita a los 40.
Ya me había sacado el acondicionador y estaba por cortar la ducha cuando tomé la decisión: ni la vía armada ni la pacífica, el camino correcto era la tintura!.
Que Gustavo, mi peluquero, las busque una por una y las cubra con toda identidad, que las transforme en mechas rubias y se acabó el problema. Al final, terminar con la cabeza color choclo cuando se ha tenido el pelito clarito natural no es pecado en esta país.
Ah, pero el cuento no terminó ahí. Al salir del baño, la casa ya estaba funcionando. Los tres niños veían la tele en pijamas con un bol de chocapic cada uno. Ignacio seguía durmiendo y ya se había apoderado de toda la cama, acostado en cruz y al medio de ésta. Igual le dí un par de empujones, me senté al lado y lo desperté. Abrió los ojos y me dijo: "¿quién se murió?" "Mi pelo", le contesté. !No estoy para conversaciones metafisicas Lauri, dime qué te pasó?".
Tan hombrecito mi marido, nunca entiende nada. Decidí atacarlo con dramatismo: "el pelo, Ignacio, mi pelo se murió, me salió una cana, ya nunca volveré a ser la de antes, no hay salida, no hay vuelta, voy derecho a la tercera edad, a la menopausia, a la osteoporosis, a la decrepitud (¡cómo me gusta esa palabra!), en suma, al final del camino, a la muerte."- le dije.
En esa parte me sentí un poco ridícula y me lancé en sus brazos para que no lo notara. Mi marido, santo él ( a veces), me abrazó, estiró un brazo para alcanzar sus anteojos, se los puso, afinó la puntería y con su mano libre agarró firmemente mi única cana entre el índice y el pulgar y la tiró fuerte, una sola vez. Sonó "tic" y dolió menos que una ceja. "Listo, eres jóven de nuevo y estás bien rica".
Qué les puedo decir, bendita sea la simpleza de los hombres.
Celebramos cerrando la puerta del dormitorio por 30 minutos que nadie notó, porque la hipnosis televisiva que deja a los niños sin identidad por un rato, en estos casos, se agradece.

5.7.09


Tengo dolor de cuello.

Por primera vez en un par de meses dormí más de 8 horas seguidas.